Masaje en la espalda

El masaje de espalda es uno de los masajes que más se agradece, puesto que es una zona donde se acumulan el cansancio y la tensión. De modo que, si comenzamos en esta zona, nos garantizamos el éxito aunque nuestras manos no sean expertas, ya que este masaje distiende y relaja la musculatura. El receptor se situará boca abajo.

El masaje regular de espalda no sólo previene los clásicos trastornos lumbares, sino que proporciona un relajamiento general del organismo.

  1. Roces relajantes: se realizan desde los hombros hasta el final de la espalda, con mucha suavidad, rozando la piel con las yemas de los dedos y en dirección a las lumbares, repitiendo los roces dos o tres veces. Efectos: son muy sedantes y preparan el cuerpo par alas próximas manipulaciones.
  2. Vaciado Venoso: se colocan las dos manos planas en el cuello, deslizando por los hombros, y de aquí bajamos hacia las lumbares con cierta presión, a los lados de la columna. Repetir dos veces. Efectos: renueva la sangre y activa la linfa.
  3. Fricciones: son la base del masaje. Con ambas manos planas y con los dedos pulgares a cada lado de la columna, se realizará una fricción ascendente desde las lumbares hasta el cuello; al llegar arriba se separarán las manos hacia los hombros y se bajarán por los laterales de la espalda, con más presión al subir que al bajar. Repetir dos o tres veces. Efectos: activa la circulación y libera las células desvitalizadas de la piel.
  4. Amasamiento digital: con los dedos, se realizan círculos hacia fuera desde el cuello hasta las lumbares, y luego subiendo por toda la espalda con presión media. Se repite dos veces. Efectos: tonifica los músculos.
  5. Amasamiento profundo: ésta maniobra se realiza como si se amasara pan, alternando las dos manos comprimiendo o descomprimiendo, avanzando y retrocediendo. Sólo se realiza en las zonas carnosas. Efectos: elimina toxinas, reduce la grasa y la celulitis, nutre los músculos, etc.
  6. Nudillares: se realiza con todos los nudillos flexionados y con el dedo pulgar presionando en forma de pellizco el tejido muscular. Es más profundo. Efectos: estimula la circulación sanguínea, revitaliza y nutre los músculos.
  7. Roces y peinados. Se realizan con las yemas de los dedos como si peináramos la espalda, desde el cuello y los hombros hasta las lumbares, con una presión media y con rapidez, de arriba abajo.
  8. Percusión cubital: con los bordes de las manos del lado del dedo meñique, daremos golpes suaves, ligeros, de manera rápida y alternada, con los dedos algo separados y flexionados. Efectos: elimina toxinas, tonifica los músculos y la piel y mejora la flacidez.
  9. Vaciado venoso: se repite el paso dos.
  10. Roces suaves: se repite el paso 1. manipulación que se realiza a modo de despedida.